lunes, 15 de octubre de 2012

La moral en la postguerra civil



La guerra civil española causo la persecución y muerte de todos los curas y frailes que se encontraban en la zona que se llamo roja , al estilo de Rusia, es decir la gubernamental . Por este motivo tanto la Iglesia como el gobierno presidido por el General Franco le dieron el carácter de Cruzada , es decir como las antiguas Cruzadas de la Edad Media, por lo tanto todos combatientes que morían en la guerra iban derechos al cielo. Cuando se acabo la guerra hubo unos años de exaltación religiosa como nunca se había producido y la moral tanto personal como publica se extendió por toda España. Os voy a contar tres anécdotas que me ocurrieron a mi personalmente : Un día allá por los años 1948 caminaba yo frente a la entrada de la Universidad en la plaza del mismo nombre aquí en Barcelona  y de pronto vi salir por la puerta principal a dos muchachas extranjeras vistiendo unos pantalones largos. A pocos metros dos Policías Armados que hacían guardia allí, se dirigieron hacia ellas , les pidieron la documentación y las detuvieron. Acto seguido las condujeron supongo que a la Comisaría de Policía. Yo vi que las muchachas iban vestidas muy decentemente y por los gestos que hacían los guardias presumí que se trataba la detención por llevar pantalones largos.

Por aquellas fechas yo iba a comer al SEU que era un comedor oficial para estudiantes situado en el Paseo de Gracia chaflán con la calle de Caspe y era una casa súper elegante son unas cristaleras de colores preciosas y además la comida para estudiantes súper barata. Había una disposición que ordenaba que todos los comensales tenían que ir con corbata , cosa que a mi no me afectaba porque en mi trabajo siempre iba de traje completo , camisa de manga larga y corbata. De pronto aparecieron unas cuantas muchachas creo que alemanas que también venían a comer , pero como era en pleno verano no llevaban combinación que llamaban debajo de la falda, con lo cual al pasar frente a los ventanales se les traslucían los muslos de las piernas. El segundo día sucedió lo mismo , pero el tercero observé que todos los estudiantes apenas abrieron el comedor a la una, se lanzaron en tromba a elegir aquellas mesas por donde pasaban las extrajeras y poderles ver las pantorrillas aunque  las faldas les llegaban por debajo de las rodillas.

La tercera vivencia me ocurrió en Pamplona. Eran finales de agosto y hacia un calor insoportable . Yo había llegado en una Villavesa (autobús urbano) procedente de la estación del tren y me dirigía a pie  a la estación de autobuses (todavía no tenia coche propio) llevando en una mano la maleta y como hacia tanto calor repito, me había quitado la americana y la llevaba en la otra mano . Se me cruzó a cierta distancia un guardia municipal con su traje blanco y su gorra de plato, se dirigió hacia mi y me mando que me pusiese la chaqueta y me dijo ¡yo también la llevo puesta.! Eso que llevaba la camisa de manga larga y la corbata puesta. Gracias que aquello ya pasó y ni aquello, ni lo que vemos hoy en Barcelona, casi desnudismo en verano.

 

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